Read Time:3 Minute, 40 Second

Las tormentas y las crecidas forman parte de la vida en la ribera del Río de la Plata. Los vecinos de Berisso siempre supieron convivir con el agua: sabían cuándo se podía confiar en el río y cuándo convenía estar atentos a su humor. Pero hay momentos en que la naturaleza rompe todos los hábitos y desborda cualquier experiencia previa.

La Sudestada de abril de 1940 fue uno de esos momentos. No fue una inundación más. Fue un antes y un después en la historia de Berisso. Un episodio que marcó el carácter de la ciudad, transformó su relación con el río y reveló una enorme capacidad de solidaridad en medio del desastre. Hoy, a pesar de su magnitud, es un hecho que muchas veces queda relegado al olvido colectivo.


1. Una crecida sin precedentes: el ciclón que sorprendió a Berisso

Los vecinos ya habían vivido grandes inundaciones, incluida la recordada crecida de 1923. Pero lo que ocurrió en abril de 1940 superó cualquier antecedente.

El nivel del agua llegó a los 4,65 metros, casi un metro por encima del récord anterior. La fuerza de la sudestada fue inusitada: después se comprobó que lo que había golpeado las costas argentinas y uruguayas no fue simplemente un viento persistente, sino un ciclón, con ráfagas que superaron los 130 km/h.

La Destilería de YPF quedó paralizada durante semanas. Tanques metálicos de miles de litros fueron literalmente arrancados y arrastrados por el agua. Para los testigos, no se trató de una inundación: fue una invasión del río sobre la ciudad.

“Después de esa sudestada, la relación de la gente con el río cambió para siempre”, recordaría décadas más tarde un sobreviviente.


2. La ciudad convertida en río: rescates por las ventanas

La velocidad de la subida fue aterradora. El agua entró de madrugada, tomando a muchas familias dormidas. En cuestión de minutos, las calles se transformaron en corrientes turbulentas.

Los rescates no se hacían por las puertas, completamente cubiertas por el agua. Las familias esperaban sobre mesas y muebles, viendo cómo el agua consumía sus hogares, y los botes se acercaban por las ventanas.

Un vecino lo recordaba así:

“Ese día, Berisso aprendió que a veces las ventanas son la verdadera salida.”

Las avenidas principales parecían ríos, y las lanchas navegaban por donde deberían circular tranvías y carros.


3. El frío, la pérdida y la desolación

A la inundación se sumó un frío intenso, casi insoportable. Muchos estuvieron días enteros mojados, sin abrigo seco ni calefacción.

Pero la peor parte llegó cuando el agua bajó: los corrales se habían perdido, los cultivos se arruinaron, y miles de familias vieron desaparecer sus medios de subsistencia.

Se ahogaron los pollos, la lechonada”, lamentaba un vecino, resumiendo en una frase el golpe económico y afectivo que atravesaron los hogares de la época, donde criar animales era parte de la cotidianeidad y la supervivencia.

Las calles quedaron cubiertas de barro, restos y animales muertos. Reconstruir significó empezar casi desde cero.


4. La respuesta de la comunidad: solidaridad antes que ayuda oficial

La ayuda estatal fue lenta y escasa: unos 30.000 pesos para un daño incalculablemente mayor. Pero antes de que llegaran subsidios, Berisso ya se estaba organizando.

Vecinos, bomberos y policías improvisaron rescates desde el primer minuto. Hombres como Pedro Escarcela, entre tantos otros, pasaron horas ininterrumpidas evacuando familias.

Días después, llegaron las colectas comunitarias. Pero no se repartió dinero sin más: se formaron comisiones vecinales, que visitaban casa por casa y preguntaban qué necesitaba cada familia para recomenzar. Luego iban y lo compraban: colchones, camas, frazadas, utensilios, alimentos.

No fue caridad. Fue comunidad.


5. Una marca en la memoria colectiva

Cincuenta años después, quienes vivieron la Sudestada de 1940 todavía la contaban con la misma emoción y nitidez, como si hubiera sucedido la semana anterior. Porque no fue sólo una inundación. Fue una experiencia compartida que dejó una huella profunda en la identidad berissense.

Una cicatriz que recuerda que el río puede dar vida, pero también puede reclamarla.

Y que, ante lo irreparable, lo que sostiene es la solidaridad entre vecinos.


Reflexión final

Hoy, cuando el cambio climático vuelve a poner en discusión nuestra relación con el agua y el territorio, la Sudestada de 1940 vuelve a interpelarnos:

Si algo así ocurriera otra vez, ¿estaríamos listos para cuidarnos como lo hicieron ellos?

Berisso ya respondió esa pregunta una vez.
La historia dice que supo hacerlo bien.

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
100 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous post Europa del este y medio oriente en la calle Nueva York, Berisso
WP Radio
WP Radio
OFFLINE LIVE