Cada vez que respiramos incorporamos a nuestro organismo mucho más que oxígeno. Respiramos vapor de agua, polen, microorganismos, virus, bacterias, gases, aerosoles y partículas suspendidas en el aire. Respiramos, en definitiva, todo aquello que forma parte de la atmósfera que nos rodea.
Por eso, cuando la niebla cubre durante horas a Berisso, Ensenada y La Plata, surge una pregunta que merece ser formulada: ¿qué ocurre con todos esos elementos presentes en el aire cuando las condiciones meteorológicas favorecen su permanencia cerca del suelo?
La niebla no es una enfermedad ni transmite virus por sí misma. Sin embargo, la ciencia reconoce que las condiciones de humedad elevada, escasa circulación de aire y estabilidad atmosférica pueden favorecer la persistencia de aerosoles y partículas suspendidas.
Durante el invierno circulan habitualmente virus respiratorios como Influenza A, Virus Sincitial Respiratorio y coronavirus. Estos agentes se transmiten principalmente a través de aerosoles y secreciones respiratorias emitidas por personas infectadas. Cuando el aire permanece estancado, la dispersión de estas partículas puede verse reducida.
Pero los virus no son el único componente del aire que respiramos.
La región de Berisso, Ensenada y La Plata convive desde hace décadas con emisiones provenientes de actividades industriales, portuarias y del polo petroquímico. Entre ellas se encuentra el material particulado asociado al coque de petróleo, cuya presencia y posibles impactos sanitarios fueron objeto de análisis por parte de la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET.
El informe elaborado por especialistas de la RSA-CONICET reconoció que las partículas respirables PM10 y PM2,5 representan un problema de salud pública en todo el mundo debido a su capacidad de ingresar profundamente en el aparato respiratorio y alcanzar incluso el torrente sanguíneo. También destacó la necesidad de ampliar los estudios epidemiológicos locales para comprender mejor los efectos de estas exposiciones sobre la población de nuestra región.
La preocupación no es exclusiva de Argentina.
Durante la pandemia de COVID-19, investigadores italianos detectaron material genético del SARS-CoV-2 adherido a partículas PM10 recolectadas en la zona industrial de Bérgamo, uno de los epicentros de la emergencia sanitaria en Europa. Los autores plantearon la hipótesis de que, bajo determinadas condiciones atmosféricas, el material particulado podría contribuir a la persistencia de material viral en el ambiente. Sin embargo, aclararon que la detección de ARN viral no demostraba que esas partículas fueran capaces de producir infecciones.
Aquella investigación abrió un debate internacional que continúa hasta hoy: el material particulado no solamente puede afectar directamente la salud respiratoria, sino que además podría interactuar con otros contaminantes biológicos presentes en el ambiente. La magnitud real de ese fenómeno todavía es objeto de estudio.
En nuestra región existe un problema adicional. A pesar de décadas de controversias ambientales, todavía no contamos con estadísticas epidemiológicas públicas, sistemáticas y de largo plazo que permitan responder con precisión una pregunta fundamental: ¿qué impacto tiene la exposición crónica al material particulado sobre la salud de los habitantes de Berisso, Ensenada y La Plata?
Sabemos que respiramos virus cuando circulan en la comunidad. Sabemos que respiramos partículas suspendidas cuando existen fuentes de emisión. Sabemos que la niebla y el aire estancado modifican la dinámica atmosférica. Lo que todavía no sabemos con certeza es cuánto contribuye cada uno de estos factores a los problemas respiratorios, cardiovasculares y otras enfermedades que afectan a la población local.
Por eso, desde Berisso Digital recomendamos adoptar medidas de precaución durante los episodios de niebla intensa:
• Evitar actividades físicas intensas al aire libre cuando exista niebla densa y persistente.
• Reducir exposiciones innecesarias en personas con asma, EPOC, alergias o enfermedades cardiovasculares.
• Mantener una adecuada ventilación de los ambientes interiores.
• Evitar la exposición prolongada a ambientes donde se perciba presencia de polvo o material particulado.
• Consultar al sistema de salud ante síntomas respiratorios persistentes.
La discusión no debería centrarse en generar miedo, sino en exigir más información. La salud pública se protege con monitoreos ambientales transparentes, investigación científica independiente y estadísticas epidemiológicas de calidad.
Porque para cuidar nuestra salud primero debemos responder una pregunta básica: ¿qué estamos respirando realmente?
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