Berisso Digital Investigación
Hay edificios que guardan ladrillos.
Y hay edificios que guardan memoria.
La Hilandería de Berisso pertenece a esa segunda categoría.
Detrás de sus paredes de ladrillo, durante más de un siglo, se tejieron millones de metros de algodón, trabajaron miles de hombres y mujeres, crecieron familias enteras y nació una de las experiencias cooperativas más importantes de la Argentina.
Sin embargo, hoy sus máquinas permanecen detenidas.
El silencio que invade la planta no responde a una falta de capacidad técnica ni a la ausencia de trabajadores dispuestos a producir.
Responde a una incertidumbre que pone en riesgo el futuro de aproximadamente 140 familias y plantea un interrogante que excede ampliamente a Berisso:
¿Cómo pudo una fábrica que sobrevivió al cierre de una multinacional inglesa, a la desaparición de los frigoríficos, a las sucesivas crisis económicas y a medio siglo de transformaciones industriales quedar hoy al borde de la paralización por depender casi exclusivamente de un único cliente: el Estado?
La respuesta no comenzó este año.
Comenzó hace casi cien.
La fábrica que nació junto al auge de Berisso
En 1925, la empresa inglesa The Patent Knitting Company Ltd. eligió Berisso para instalar una moderna planta textil.
No fue una decisión casual.
La ciudad era uno de los mayores polos exportadores de carne del mundo gracias a los frigoríficos Swift y Armour.
La Hilandería produciría principalmente stockinettes, fundas tubulares de algodón utilizadas para proteger los cortes de carne destinados a Europa.
Con el paso de los años la fábrica amplió su producción incorporando tejidos industriales, vendas, gasas y diferentes productos de algodón.
Muy pronto se transformó en una de las industrias más importantes de la ciudad.
Una fábrica distinta
Mientras los frigoríficos ofrecían empleos duros, estacionales y sujetos a las variaciones de las exportaciones, la Hilandería representaba estabilidad.
Trabajar allí era ingresar a una empresa donde muchos empleados desarrollaban toda su vida laboral.
Era frecuente encontrar padres, hijos y hermanos compartiendo la misma fábrica.
Pero existía otra diferencia fundamental.
La Hilandería fue una de las primeras grandes industrias de Berisso donde la mayoría de la mano de obra era femenina.
Miles de mujeres encontraron allí su primer empleo registrado mucho antes de que la incorporación femenina al trabajo industrial fuera una realidad extendida.
Durante décadas el sonido constante de los telares formó parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
La huelga que marcó una época
En 1960 los trabajadores protagonizaron una de las huelgas textiles más prolongadas de la Argentina.
Durante aproximadamente nueve meses enfrentaron a la empresa en un conflicto que quedó registrado incluso en los archivos de inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Aquella huelga dejó heridas profundas.
Ocho años más tarde llegó el anuncio que parecía definitivo.
La empresa inglesa cerraba sus puertas.
Cerca de 400 trabajadores quedaban en la calle.
La decisión que cambió la historia
Lo que ocurrió después convirtió a Berisso en un caso excepcional.
Los trabajadores decidieron no resignarse.
Con sus indemnizaciones, créditos y una enorme capacidad de organización compraron la fábrica.
Así nació la Cooperativa Textil de Berisso.
Décadas antes de que el país hablara de “empresas recuperadas”, Berisso ya había demostrado que una fábrica podía seguir funcionando bajo gestión de sus propios obreros.
Fue una experiencia pionera.
Y también un símbolo de la cultura del trabajo.
Cuando desaparecieron los clientes
La cooperativa heredó una planta preparada para fabricar numerosos productos textiles.
Pero el mundo estaba cambiando.
Los frigoríficos comenzaron a cerrar.
El mercado de los stockinettes prácticamente desapareció.
La apertura económica de los años setenta, y con mayor intensidad la de los noventa, inundó el mercado argentino de textiles importados.
Competir produciendo telas comunes dejó de ser viable para una cooperativa con recursos limitados.
Había que reinventarse.
La apuesta por las gasas
La salida apareció en un producto muy diferente.
Las gasas hospitalarias.
La cooperativa poseía experiencia en tejidos de algodón, personal altamente capacitado y maquinaria que podía adaptarse.
Mientras otros mercados se achicaban, el sistema público de salud mantenía una demanda permanente.
Con los años, la producción fue especializándose cada vez más.
Aquella decisión permitió salvar la empresa.
Pero también sembró el problema que hoy amenaza su continuidad.
Cuando el principal cliente es el único cliente
En administración existe un concepto conocido como riesgo de concentración.
Sucede cuando una empresa depende casi exclusivamente de un solo comprador.
Mientras ese comprador continúa adquiriendo la producción, el sistema funciona.
Pero cuando cambia sus condiciones de compra, toda la estructura entra en crisis.
Eso parece haber ocurrido con la Cooperativa Textil de Berisso.
Durante décadas el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires se convirtió en su principal cliente mediante la adquisición de gasas hospitalarias.
La fábrica orientó progresivamente casi toda su producción hacia ese mercado.
No fue necesariamente una mala decisión.
Fue, probablemente, la única forma de sobrevivir.
Pero también significó abandonar otras líneas productivas y reducir progresivamente la diversificación de clientes.
La crisis actual
Este año el Ministerio de Salud bonaerense convocó una licitación para el abastecimiento de gasas destinadas al sistema hospitalario.
Según la cooperativa, el proceso puso en riesgo un esquema de provisión que se había mantenido durante décadas.
Sus autoridades sostienen que otra empresa resultó favorecida en la evaluación preliminar y que ello dejó a la planta prácticamente sin producción mientras continúan las gestiones administrativas y los reclamos para revisar la situación.
Al mismo tiempo, denuncian atrasos en pagos correspondientes a entregas ya realizadas.
Como consecuencia, alrededor de 140 trabajadores atraviesan una situación crítica, con dificultades para percibir sus ingresos y con una enorme incertidumbre sobre el futuro.
Es importante señalar que, al momento de redactarse esta nota, las negociaciones continuaban abiertas y el conflicto no se encontraba definitivamente resuelto.
Mucho más que una licitación
Reducir esta historia a una discusión administrativa sería un error.
La verdadera pregunta es otra.
¿Cómo llegó una de las industrias más emblemáticas de Berisso a depender casi exclusivamente de un único comprador?
No parece existir un único responsable.
La desaparición del mercado frigorífico.
La competencia internacional.
Las dificultades de acceso al crédito.
La falta de políticas sostenidas de modernización industrial.
La concentración productiva.
Y la comodidad aparente de contar durante décadas con un cliente estatal estable fueron construyendo una dependencia que hoy muestra toda su fragilidad.
El patrimonio que está en juego
Cuando se habla de la Cooperativa Textil suele mencionarse una cifra.
140 trabajadores.
Pero detrás de ese número existe algo mucho mayor.
Está en juego una fábrica fundada hace más de un siglo.
Un patrimonio industrial único.
Una experiencia cooperativa pionera.
Una escuela de oficios.
Una parte esencial de la identidad de Berisso.
Cerrar una fábrica nunca significa únicamente apagar máquinas.
Significa perder conocimiento acumulado.
Perder cultura industrial.
Perder memoria.
Y recuperar todo eso, cuando desaparece, suele ser prácticamente imposible.
Una oportunidad para repensar el futuro
La crisis actual también deja una enseñanza.
Tal vez haya llegado el momento de discutir un nuevo modelo para la Cooperativa Textil.
Uno que reduzca la dependencia de un único comprador.
Que vuelva a diversificar su producción.
Que incorpore nuevos insumos médicos, textiles técnicos, productos descartables para hospitales, exportaciones y alianzas con universidades y centros tecnológicos.
La historia demuestra que esta fábrica supo reinventarse varias veces.
Tal vez deba hacerlo una vez más.
Pero para lograrlo necesitará algo más que la voluntad de sus trabajadores.
Necesitará políticas públicas que entiendan que preservar una industria histórica no significa sostener el pasado, sino invertir en el futuro.
Porque la Hilandería de Berisso no es solamente una empresa.
Es una parte de la historia industrial argentina que todavía sigue escribiéndose.
Y quizás todavía estemos a tiempo de evitar que su último capítulo sea el silencio.
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