Una investigación internacional revela la existencia de una gigantesca red subterránea que conecta ecosistemas, captura carbono y ayuda a regular el clima del planeta.
En los bosques, praderas, humedales y hasta en los campos cultivados existe un mundo invisible que durante siglos pasó desapercibido para la mayoría de las personas. No se trata de raíces ni de animales subterráneos, sino de una inmensa red de hongos microscópicos que conecta plantas, transporta nutrientes y participa activamente en la regulación del clima global.
Ahora, un equipo internacional de científicos logró algo que hasta hace pocos años parecía imposible: elaborar el primer mapa global de esta gigantesca infraestructura biológica subterránea.
Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista científica Science y muestran por primera vez la distribución planetaria de los hongos micorrícicos arbusculares, organismos que forman una asociación simbiótica con aproximadamente el 70 % de las especies vegetales de la Tierra.
La alianza que hizo posible la conquista de los continentes
Mucho antes de que existieran los bosques actuales, las plantas comenzaron a colonizar la superficie terrestre gracias a una asociación extraordinaria con los hongos.
Los hongos micorrícicos penetran o rodean las raíces y establecen una relación de beneficio mutuo. La planta les entrega azúcares y carbono producidos mediante la fotosíntesis. A cambio, los hongos exploran el suelo mucho más allá de donde llegan las raíces y proporcionan agua, fósforo, nitrógeno y otros nutrientes esenciales.
Los investigadores comparan esta relación con una especie de “internet biológica” que conecta organismos vivos bajo tierra.
En términos evolutivos, muchos científicos consideran que sin estas asociaciones las plantas nunca habrían logrado expandirse sobre los continentes tal como lo hicieron.
Un sistema más grande de lo que imaginábamos
Los números obtenidos por el estudio son difíciles de dimensionar.
Los investigadores estiman que los suelos del planeta contienen aproximadamente 110 cuatrillones de kilómetros de hifas, los finísimos filamentos que constituyen el cuerpo principal de los hongos.
Para poner la cifra en perspectiva, esa longitud equivale a cerca de mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
Incluso en una simple cucharadita de suelo fértil pueden encontrarse hasta diez metros de estas estructuras microscópicas.
Aunque invisibles a simple vista, estas redes forman uno de los sistemas biológicos más extensos de todo el planeta.
Un aliado inesperado contra el cambio climático
Uno de los hallazgos más importantes del estudio está relacionado con el carbono.
Cada año, estas redes de hongos transfieren al suelo alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) provenientes de las plantas.
Esa cantidad representa aproximadamente el 11 % de las emisiones globales generadas por las actividades humanas.
Una vez incorporado al suelo, parte de ese carbono puede permanecer almacenado durante largos períodos, contribuyendo a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Por esta razón, los investigadores consideran que los hongos micorrícicos son actores fundamentales en la lucha contra el cambio climático, aunque históricamente hayan recibido mucha menos atención que los bosques o los océanos.
Una investigación internacional revela la existencia de una gigantesca red subterránea que conecta ecosistemas, captura carbono y ayuda a regular el clima del planeta.
En los bosques, praderas, humedales y hasta en los campos cultivados existe un mundo invisible que durante siglos pasó desapercibido para la mayoría de las personas. No se trata de raíces ni de animales subterráneos, sino de una inmensa red de hongos microscópicos que conecta plantas, transporta nutrientes y participa activamente en la regulación del clima global.
Ahora, un equipo internacional de científicos logró algo que hasta hace pocos años parecía imposible: elaborar el primer mapa global de esta gigantesca infraestructura biológica subterránea.
Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista científica Science y muestran por primera vez la distribución planetaria de los hongos micorrícicos arbusculares, organismos que forman una asociación simbiótica con aproximadamente el 70 % de las especies vegetales de la Tierra.
La alianza que hizo posible la conquista de los continentes
Mucho antes de que existieran los bosques actuales, las plantas comenzaron a colonizar la superficie terrestre gracias a una asociación extraordinaria con los hongos.
Los hongos micorrícicos penetran o rodean las raíces y establecen una relación de beneficio mutuo. La planta les entrega azúcares y carbono producidos mediante la fotosíntesis. A cambio, los hongos exploran el suelo mucho más allá de donde llegan las raíces y proporcionan agua, fósforo, nitrógeno y otros nutrientes esenciales.
Los investigadores comparan esta relación con una especie de “internet biológica” que conecta organismos vivos bajo tierra.
En términos evolutivos, muchos científicos consideran que sin estas asociaciones las plantas nunca habrían logrado expandirse sobre los continentes tal como lo hicieron.
Un sistema más grande de lo que imaginábamos
Los números obtenidos por el estudio son difíciles de dimensionar.
Los investigadores estiman que los suelos del planeta contienen aproximadamente 110 cuatrillones de kilómetros de hifas, los finísimos filamentos que constituyen el cuerpo principal de los hongos.
Para poner la cifra en perspectiva, esa longitud equivale a cerca de mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
Incluso en una simple cucharadita de suelo fértil pueden encontrarse hasta diez metros de estas estructuras microscópicas.
Aunque invisibles a simple vista, estas redes forman uno de los sistemas biológicos más extensos de todo el planeta.
Un aliado inesperado contra el cambio climático
Uno de los hallazgos más importantes del estudio está relacionado con el carbono.
Cada año, estas redes de hongos transfieren al suelo alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) provenientes de las plantas.
Esa cantidad representa aproximadamente el 11 % de las emisiones globales generadas por las actividades humanas.
Una vez incorporado al suelo, parte de ese carbono puede permanecer almacenado durante largos períodos, contribuyendo a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Por esta razón, los investigadores consideran que los hongos micorrícicos son actores fundamentales en la lucha contra el cambio climático, aunque históricamente hayan recibido mucha menos atención que los bosques o los océanos.
Los pastizales, los grandes protagonistas
El nuevo mapa reveló que los ecosistemas con mayor concentración de estas redes son los pastizales.
Cerca del 40 % de toda la biomasa de hongos micorrícicos del planeta se encuentra en este tipo de ambientes.
Entre las zonas con mayor densidad identificadas por los científicos aparecen regiones de Sudán del Sur, los Everglades y la meseta del Tíbet.
Paradójicamente, los pastizales figuran entre los ecosistemas menos protegidos del mundo y se encuentran bajo una creciente presión debido a la expansión agrícola.
Inteligencia artificial para explorar el subsuelo
La elaboración del mapa requirió una enorme cantidad de datos.
Los investigadores analizaron más de 16.000 muestras de suelo obtenidas en distintos continentes y utilizaron herramientas de inteligencia artificial para extrapolar los resultados a regiones donde todavía no existen estudios detallados.
Además, emplearon sistemas robotizados y análisis de imágenes para examinar más de 300.000 hifas cultivadas en laboratorio.
La combinación de biología, informática e inteligencia artificial permitió construir el modelo más completo jamás realizado sobre la distribución global de estos organismos.
La agricultura moderna bajo la lupa
El estudio también detectó una señal de alerta.
Las áreas sometidas a agricultura intensiva presentan una densidad de redes fúngicas hasta un 50 % menor que la observada en ecosistemas naturales.
Esta disminución puede afectar la fertilidad del suelo, la capacidad de almacenar carbono y la resistencia de los cultivos frente a sequías, inundaciones y otros factores de estrés ambiental.
Los especialistas advierten que prácticas como el laboreo excesivo, el monocultivo y el uso intensivo de ciertos insumos agrícolas pueden alterar seriamente estas comunidades subterráneas.
Una revolución científica apenas comienza
La doctora Toby Kiers sostiene que los hongos han sido históricamente ignorados en las estrategias internacionales de conservación y mitigación del cambio climático.
Por su parte, el biólogo Merlin Sheldrake, uno de los mayores especialistas mundiales en el tema, considera que apenas estamos comenzando a comprender la magnitud de estos sistemas biológicos.
La investigación demuestra que bajo nuestros pies existe una infraestructura natural tan importante como invisible, capaz de conectar ecosistemas enteros y participar activamente en el equilibrio climático del planeta.
Mientras la humanidad observa el cielo en busca de respuestas sobre el futuro de la Tierra, una parte fundamental de esas respuestas podría encontrarse justamente debajo de nuestros pies.

Los pastizales, los grandes protagonistas
El nuevo mapa reveló que los ecosistemas con mayor concentración de estas redes son los pastizales.
Cerca del 40 % de toda la biomasa de hongos micorrícicos del planeta se encuentra en este tipo de ambientes.
Entre las zonas con mayor densidad identificadas por los científicos aparecen regiones de Sudán del Sur, los Everglades y la meseta del Tíbet.
Paradójicamente, los pastizales figuran entre los ecosistemas menos protegidos del mundo y se encuentran bajo una creciente presión debido a la expansión agrícola.
Inteligencia artificial para explorar el subsuelo
La elaboración del mapa requirió una enorme cantidad de datos.
Los investigadores analizaron más de 16.000 muestras de suelo obtenidas en distintos continentes y utilizaron herramientas de inteligencia artificial para extrapolar los resultados a regiones donde todavía no existen estudios detallados.
Además, emplearon sistemas robotizados y análisis de imágenes para examinar más de 300.000 hifas cultivadas en laboratorio.
La combinación de biología, informática e inteligencia artificial permitió construir el modelo más completo jamás realizado sobre la distribución global de estos organismos.
La agricultura moderna bajo la lupa
El estudio también detectó una señal de alerta.
Las áreas sometidas a agricultura intensiva presentan una densidad de redes fúngicas hasta un 50 % menor que la observada en ecosistemas naturales.
Esta disminución puede afectar la fertilidad del suelo, la capacidad de almacenar carbono y la resistencia de los cultivos frente a sequías, inundaciones y otros factores de estrés ambiental.
Los especialistas advierten que prácticas como el laboreo excesivo, el monocultivo y el uso intensivo de ciertos insumos agrícolas pueden alterar seriamente estas comunidades subterráneas.
Una revolución científica apenas comienza
La doctora Toby Kiers sostiene que los hongos han sido históricamente ignorados en las estrategias internacionales de conservación y mitigación del cambio climático.
Por su parte, el biólogo Merlin Sheldrake, uno de los mayores especialistas mundiales en el tema, considera que apenas estamos comenzando a comprender la magnitud de estos sistemas biológicos.
La investigación demuestra que bajo nuestros pies existe una infraestructura natural tan importante como invisible, capaz de conectar ecosistemas enteros y participar activamente en el equilibrio climático del planeta.
Mientras la humanidad observa el cielo en busca de respuestas sobre el futuro de la Tierra, una parte fundamental de esas respuestas podría encontrarse justamente debajo de nuestros pies.
Average Rating