El 13 de julio de 1985 pasó a la historia por el Live Aid, el recital solidario que reunió a las mayores estrellas del rock en Londres y Filadelfia para recaudar fondos contra la hambruna en África.
Queen hizo historia. U2 se consagró. David Bowie, The Who, Paul McCartney, Elton John, Mick Jagger… todos dejaron su huella.
Y Duran Duran… bueno… Duran Duran también dejó una marca. Solo que no exactamente la que esperaba.
La desafinada que escuchó medio planeta
En el cierre de “A View to a Kill”, Simon Le Bon fue por una nota altísima.
La nota, aparentemente, decidió ir para otro lado.
La prensa británica no tuvo piedad y la bautizó como “The Bum Note Heard Round the World”, o, traducido libremente, “la desafinada que escuchó todo el mundo”.
Imaginate desafinar…
Ahora imaginá hacerlo frente a casi dos mil millones de personas.
No hay autotune que te salve de eso.
Lo curioso es que ese no fue el verdadero problema
Con los años, muchos creen que esa desafinada “mató” a Duran Duran.
En realidad, no.
La banda ya venía con el motor haciendo ruidos extraños.
Había proyectos paralelos, diferencias internas, cansancio por una fama descomunal y ganas de hacer otras cosas.
Lo increíble es que Live Aid terminó siendo la última vez que los cinco integrantes originales tocaron juntos durante casi veinte años.
Nadie lo sabía ese día.
Ni ellos.
Ni el público.
Ni mucho menos los millones de personas que estaban pegadas al televisor.
El principio del fin… o del cambio
Pocos meses después, Roger Taylor dejó la banda.
Andy Taylor también emprendió otro camino.
John Taylor se sumó a The Power Station, mientras Simon Le Bon y Nick Rhodes formaban Arcadia.
Duran Duran siguió existiendo, claro.
Sacó discos, hizo giras y volvió a reunirse años más tarde.
Pero esa formación que dominó MTV, llenó estadios y volvió locos a millones de adolescentes entre 1982 y 1985, terminó aquella tarde de julio.
¿Y el Día Mundial del Rock?
Curiosamente, de aquel mismo Live Aid nació la tradición de celebrar cada 13 de julio como el Día Mundial del Rock.
No existe una declaración oficial que lo establezca, pero la fecha quedó instalada porque aquel recital demostró que la música podía movilizar al planeta entero por una causa solidaria.
Así que cada vez que llega un 13 de julio hay dos cosas para recordar:
Que el rock fue capaz de unir al mundo.
Y que, por las dudas, cuando tengas que cantar una nota imposible frente a millones de personas… mejor dejásela a Freddie Mercury.
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