Crónica de pueblo; Martes, 17 horas. Berisso volvía a demostrar que no hace falta Netflix cuando existe la rotonda René Favaloro y su ya legendaria salida hacia Génova, ese pequeño experimento urbano donde doblar un camión parece un examen práctico diseñado por alguien que jamás manejó algo más grande que un changuito de supermercado.
El protagonista de la jornada fue un noble camión carbonero que venía por avenida 60 desde La Plata con la inocente intención de hacer algo aparentemente simple: doblar. Grave error.
Al intentar tomar la curva rumbo al Puente Roma, justo en el sector que vecinos vienen señalando desde hace más de un año como “che, esto quedó medio angosto, ¿no?”, la realidad decidió hacer una demostración técnica en vivo.
Según los entendidos, se rompió “la cúpula” del eje delantero. Según el idioma berissense, el camión dijo: “hasta acá llegué, maestro”.
Y claro, apareció la estrella silenciosa del espectáculo: esa especie de punta de cordón estratégica —o decorativa, vaya uno a saber— que parece diseñada por alguien convencido de que los vehículos pesados doblan igual que un Fitito del 78.
Resultado: carbón desparramado por Génova, tránsito alterado, policías organizando el caos y vecinos observando la escena con esa mezcla tan local de preocupación y satisfacción cívica del tipo: “¿Vio? Si hace un año venimos diciendo lo mismo…”
Por suerte no hubo heridos. Solo daños materiales, demoras y otro capítulo de la eterna novela berissense: “Cuando el urbanismo pelea mano a mano contra la física”.
📜 Moraleja pueblerina:
Si veinte vecinos te dicen que una curva está mal hecha, quizás no sea una campaña de desprestigio contra el cordón cuneta. Porque el capricho urbano podrá ignorar sugerencias… pero la realidad, tarde o temprano, pasa con acoplado.
Próximo capítulo: “La rotonda contra un semi: esta vez es personal”.
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