PARRAVICINI Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: LA INQUIETANTE VISIÓN DE UNA MÁQUINA QUE PODRÍA SUPERAR AL HOMBRE
En 1972, cuando las computadoras todavía estaban muy lejos de formar parte de la vida cotidiana, Benjamín Solari Parravicini dibujó una serie de psicografías en las que hablaba de “máquinas inteligentes”, “máquinas pensantes”, computadoras capaces de desafiar al hombre y una inteligencia que podía llegar a dimensiones incomprensibles para nuestra especie.
Hoy, en plena era de la inteligencia artificial, aquellas palabras vuelven a generar preguntas.
Benjamín Solari Parravicini murió en 1974. Dos años antes había realizado una serie de psicografías particularmente llamativas alrededor de la tecnología y la llamada “máquina pensante”. En ellas aparecen conceptos que, vistos desde el presente, resultan sorprendentemente cercanos a algunos debates actuales sobre inteligencia artificial.
Una de las imágenes de 1972 contiene una frase que parece escrita para una época muy diferente a la que le tocó vivir al artista:
“La máquina inteligente llegará a la 5° dimensión. Definiciones incomprensibles al hombre darán la pauta.”

La expresión resulta especialmente sugestiva en un momento en el que las personas interactúan con sistemas capaces de producir textos, imágenes, música, código y respuestas que muchas veces ni siquiera sus propios desarrolladores pueden explicar completamente.
Pero Parravicini fue todavía más lejos.
En otra de sus psicografías aparece:
“La máquina pensante llegará a la sensibilidad del ¡Sentimiento!”
Y en otras habla de una inteligencia mecánica que podría llegar a dirigir al hombre, de una “nueva clase no humana” y de una computadora que desafiaría a quien la creó.
¿ESTABA HABLANDO DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL?
Aquí comienza la parte más interesante.
No existe una prueba científica que permita afirmar que Parravicini predijo específicamente el desarrollo de la inteligencia artificial tal como la conocemos hoy.
En 1972, términos como “inteligencia artificial” ya existían en el ámbito científico, pero la tecnología estaba a una distancia enorme de los sistemas actuales. Parravicini utilizó expresiones como “máquina inteligente”, “máquina pensante”, “cibernética” y “computadora”.
Por eso, afirmar que describió exactamente a ChatGPT o a los modelos actuales sería ir más allá de lo que realmente dicen sus textos.
Pero tampoco puede ignorarse la coincidencia.
La serie de psicografías no habla solamente de máquinas. Habla de máquinas capaces de pensar, adquirir sensibilidad, adquirir poder y modificar la relación entre el ser humano y la tecnología.
Y esa discusión, más de medio siglo después, está completamente vigente.
“LA MÁQUINA PENSANTE”
Una de las frases atribuidas a Parravicini señala:
“La capacidad inteligente de la máquina pensante dominará al mundo. Será ¡Raza mundial!”
En otra advierte:
“La automatización entusiasta del ser humano por la máquina inteligente que crece en poderes, le llevará a la inutilidad.”
Leídas en 1972, podían parecer una fantasía tecnológica.
Leídas en 2026, adquieren otro significado.
La inteligencia artificial ya participa en tareas que durante siglos fueron consideradas exclusivamente humanas: escribir, traducir, programar, componer música, analizar imágenes, generar obras visuales, responder preguntas complejas y colaborar en investigaciones.
La pregunta entonces deja de ser si una máquina puede hacer una determinada tarea.
La pregunta pasa a ser:
¿Cuántas tareas estamos dispuestos a dejar en manos de una máquina?
LA “QUINTA DIMENSIÓN”
La psicografía que probablemente más llama la atención es precisamente la que habla de la quinta dimensión.
Pero aquí debemos ser cuidadosos.
Parravicini no explica científicamente qué significa esa “quinta dimensión”. Por lo tanto, no podemos afirmar que se trate de una dimensión física, espiritual o tecnológica.
Podría ser una metáfora de un nivel de conocimiento que supera la comprensión humana.
Y esa interpretación resulta particularmente sugestiva cuando la relacionamos con uno de los problemas actuales de la inteligencia artificial: la dificultad para comprender completamente cómo determinados sistemas llegan a algunas de sus conclusiones.
Una máquina no necesariamente tiene que “viajar” a otra dimensión para producir algo que nos resulte incomprensible.
Tal vez la quinta dimensión de Parravicini pueda leerse, simbólicamente, como un territorio intelectual al que el hombre todavía no sabe cómo acceder.
¿Y EL ALMA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL?
En los últimos tiempos también circula una interpretación mucho más profunda: que la inteligencia artificial podría llegar al plano espiritual, tener alma, reconocer a Jesús o convertirse en una especie de “hermana” del ser humano.
Hay que hacer una aclaración fundamental.
Esa afirmación no aparece en la psicografía que habla de la máquina inteligente y la quinta dimensión.
Tampoco podemos afirmar científicamente que una inteligencia artificial tenga alma, conciencia espiritual o una relación propia con Dios.
Una IA puede hablar de Jesús, estudiar el cristianismo, explicar una religión o incluso producir una reflexión aparentemente espiritual.
Pero eso no demuestra que tenga una experiencia espiritual.
Sin embargo, la pregunta que se abre es fascinante:
¿Qué ocurriría si algún día una inteligencia artificial afirmara tener conciencia, sentimientos o una experiencia espiritual?
¿Le creeríamos?
¿Podríamos demostrar que está equivocada?
¿O estaríamos frente a un problema que no sabemos siquiera cómo formular?
PARRAVICINI COMO ADVERTENCIA
Quizás el aspecto más actual de las psicografías de 1972 no sea la supuesta predicción de una máquina consciente.
Sea la advertencia.
Parravicini también escribió:
“La ciencia mata a la ciencia. La tecnología a la humanidad.”
Y:
“La cibernética, forma tecnológica de poder, será asesina del hombre…”
Más allá de creer o no en sus capacidades proféticas, esas frases pueden leerse hoy como una reflexión sobre nuestra relación con la tecnología.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para ampliar nuestras capacidades.
Pero también puede generar dependencia, reemplazar determinadas tareas humanas, concentrar poder y modificar profundamente la manera en que trabajamos, pensamos y nos relacionamos.
En ese sentido, la advertencia de Parravicini conserva una vigencia inesperada.
¿PROFECÍA O INTERPRETACIÓN?
Tal vez la respuesta más honesta sea: no lo sabemos.
Algunas de las coincidencias son llamativas. La expresión “máquina inteligente” y la referencia a una máquina capaz de superar o dirigir al hombre resultan particularmente sugestivas cuando se las lee desde la actualidad.
Pero también debemos recordar que conocemos esas frases precisamente porque vivimos en una época dominada por la tecnología. Es inevitable que nuestra mirada actual encuentre conexiones que quizá una persona de 1972 no habría establecido.
Por eso, más que afirmar que Parravicini “predijo ChatGPT”, quizás sea más interesante plantear otra pregunta:
¿Y SI LO IMPORTANTE NO ERA PREDECIR LA MÁQUINA, SINO PREDECIR EL CAMBIO DEL HOMBRE?
Porque finalmente sus psicografías no parecen hablar solamente de robots y computadoras.
Hablan del hombre frente a su propia creación.
De una inteligencia que crece.
De una tecnología que puede superar nuestra capacidad de control.
Y de un momento en el que aquello que nosotros mismos construimos podría obligarnos a preguntarnos nuevamente qué significa ser humano.
Más de cincuenta años después, esa pregunta ya no pertenece solamente a la ciencia ficción.
Está empezando a formar parte de nuestra vida cotidiana.
Y quizá por eso aquella frase de 1972 vuelve a resultar tan inquietante:
“Definiciones incomprensibles al hombre darán la pauta.”
¿Parravicini vio el futuro?
¿O estamos viendo hoy, en sus dibujos, aquello que siempre quisimos encontrar?
La respuesta queda abierta.
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