15 septiembre, 2026
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“La salud mental se construye en comunidad”: entrevista a Débora Poteraychke, jefa del Departamento de Salud Mental de Berisso

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Por Rosalía Montenegro

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La licenciada Débora Poteraychke, jefa del Departamento de Salud Mental de la Municipalidad de Berisso, explicó cómo funciona el modelo comunitario que impulsa el municipio, el trabajo territorial en los CAPS, la prevención del suicidio y los desafíos que plantean el aislamiento, las pantallas y el contexto social actual.

—¿Cómo trabaja actualmente el Departamento de Salud Mental en Berisso?

Nuestro trabajo parte de una lógica territorial. En los diez Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) funcionan equipos de salud mental que desarrollan dispositivos grupales construidos junto a la comunidad. No son propuestas rígidas ni diseñadas desde una oficina; surgen de las necesidades que expresan los vecinos y de las características de cada barrio.

El objetivo es generar espacios de encuentro, escucha y acompañamiento, entendiendo que la salud mental es un derecho y que el vínculo con otros constituye una herramienta fundamental para aliviar el sufrimiento.

—¿Cómo se adaptan esos dispositivos según las distintas edades?

Cada etapa de la vida presenta desafíos diferentes.

Con las infancias y las juventudes observamos que uno de los problemas más importantes es el abuso de las pantallas y el aislamiento. Esto empobrece los vínculos y dificulta el encuentro con los demás. Por eso promovemos espacios grupales donde los jóvenes puedan jugar, dialogar y reconstruir esos lazos que la tecnología muchas veces interrumpe.

En el caso de las personas mayores, desarrollamos talleres centrados en dos ejes fundamentales: el trabajo sobre la memoria y la revinculación social. Son espacios donde pueden compartir experiencias, acompañarse mutuamente y descubrir que muchas de las dificultades que atraviesan también son vividas por otras personas.

—¿Qué importancia tiene la comunidad dentro de este modelo?

Es central.

La salud mental no puede pensarse únicamente desde el consultorio. La comunidad constituye un sostén emocional imprescindible. Compartir un espacio, escucharse y construir estrategias colectivas ayuda a disminuir el sufrimiento y fortalece los vínculos sociales.

No existen soluciones mágicas para el padecimiento mental. Lo que existe es el trabajo conjunto entre profesionales, instituciones y vecinos.

—¿Cómo intervienen cuando aparece una situación compleja?

Cuando una persona llega a un CAPS y se detecta una problemática de alta complejidad, no se trabaja de manera aislada.

Convocamos a todos los organismos que ya intervienen o que deben intervenir: hospital, áreas municipales, Derechos Humanos, Niñez, Discapacidad, organizaciones sociales y otras instituciones. Se conforman mesas técnicas donde se analiza cada caso y se construyen estrategias conjuntas de acompañamiento.

Desde hace cinco años además funciona una Mesa Intersectorial de Salud Mental que se reúne mensualmente y permite sostener este trabajo articulado entre todos los actores de la comunidad.

—La prevención del suicidio es uno de los temas que más preocupa. ¿Cómo lo abordan?

Entendemos que el suicidio no puede reducirse únicamente a una enfermedad individual.

Es una problemática compleja en la que intervienen factores sociales, económicos, culturales y personales. Por eso realizamos talleres y charlas en clubes, escuelas e instituciones, promoviendo espacios donde las personas puedan hablar, ser escuchadas y encontrar redes de apoyo.

La prevención también implica reconstruir vínculos y fortalecer la comunidad.

—¿Qué diferencia existe entre el modelo comunitario y el antiguo modelo de encierro?

Son paradigmas completamente distintos.

El modelo comunitario entiende la salud mental como un derecho humano y considera que el padecimiento está atravesado por las condiciones sociales, económicas y culturales de cada persona. Las decisiones son interdisciplinarias y la internación constituye un recurso excepcional y transitorio.

El modelo de encierro, en cambio, se basa en el aislamiento, la medicalización y la exclusión, dejando muchas veces a la persona sin participación en las decisiones sobre su propio tratamiento.

—¿Cuánto influye el contexto económico y social en la salud mental?

Influye muchísimo.

La salud mental no es algo separado de las condiciones de vida. Cuando existen dificultades económicas, pérdida de derechos o crisis sociales, aumenta el sufrimiento y muchas personas pierden referencias, proyectos y sentido de pertenencia.

Además, esas situaciones suelen romper los vínculos comunitarios y generar aislamiento. Por eso insistimos tanto en fortalecer los espacios colectivos y las redes de apoyo.

—¿Cómo puede acercarse un vecino a estas propuestas?

La puerta de entrada son los Centros de Atención Primaria de la Salud.

En cualquiera de los diez CAPS de Berisso existen equipos de salud mental que coordinan distintos dispositivos destinados a mujeres, infancias, juventudes y personas mayores.

También trabajamos junto a escuelas, clubes, organizaciones sociales y mesas barriales, que pueden convocar al equipo para desarrollar actividades de prevención y promoción de la salud mental.


Frase destacada

“La salud mental no se construye en soledad. Se construye recuperando los vínculos, fortaleciendo la comunidad y acompañándonos entre todos.”

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