Universidad Popular Alejandro Korn

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Apuntes para una semblanza de Alejandro Korn

por Universidad Popular Alejandro Korn

 

Alejandro Korn nació en San Vicente, el 3 de mayo de 1860. A los 22 años de edad se recibió de médico especializado en psiquiatría en la Universidad de Buenos Aires con una tesis titulada Locura y Crimen.

Se inició en la masonería el 15 de junio de 1881 en la Respetable Logia Germania 19, de la que dos años después fue nombrado Venerable Maestro. Integró también la Respetable Logia La Plata 80 junto a Carlos Spegazzini y Pedro Benoit y en ella se desempeñó como brillante orador.

Luego de trabajar como médico rural en Ranchos y Navarro, se radicó en 1886 en la ciudad de La Plata, donde se desempeñó en un primer momento como médico de la policía.

Se desempeñó en el campo de la docencia desde el año 1888, cuando cumplió funciones como profesor en la cátedra de Anatomía del Colegio Nacional de Buenos Aires colaboró en la fundación y organización del Colegio Nacional de La Plata.

En 1897 fue designado director del Hospital de Melchor Romero, el cual hoy lleva su nombre. Allí dirigió e incentivó nuevos tratamientos como el sistema Open Door o el “Sistema de Colonias Agrícolas”.

Su carrera en la enseñanza de la filosofía comenzó en 1906, cuando fue designado profesor suplente de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, cuya cátedra ocupó como titular en 1909.

Ocupó la cátedra de Gnoseología y Metafísica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y la de Historia de la Filosofía en la Facultad de Humanidades de la UNLP. Cubrió estos cargos hasta su jubilación en el año 1930.

En 1903 ingresó como Consejero y Vicerrector de la UNLP cuando ésta era aún provincial y Dardo Rocha era Rector. Tuvo el honor de ser el Primer Decano Reformista elegido por los estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA entre los años 1918 y 1921.

Fue uno de los referentes junto a José Ingenieros, Alfredo Palacios y José Vasconcelos de las organizaciones estudiantiles que impulsaron la Reforma Universitaria en toda América Latina.  Celebró y propició este movimiento porque lo entendió como la expresión histórica de la  generación joven frente al atraso en la gestión de los altos estudios, pero también como impulso renovador contra el anquilosamiento de la propia política nacional y latinoamericana.

Fundó en 1910 la Sociedad Médica de La Plata, desempeñándose como su presidente.

Se jubiló en 1916 y a partir de allí se dedicó a tiempo completo a la enseñanza de la filosofía.

Falleció en La Plata, rodeado de sus discípulos, el 9 de octubre de 1936.

 

La actividad política de Alejandro Korn

Último miembro de la generación del 80, Korn desempeñó una rica vida de militancia política y gestión pública.

Como miembro fundador de la Unión Civica Radical, participó de la revolución de 1893, cuya junta revolucionaria lo ungió intendente de La Plata, cargo que desempeñó durante el cortísimo período que medió entre la revolución y su sofocación.

Fue electo diputado provincial por la coalición radical desde 1894 hasta 1897 cuando renunció tras tomar conocimiento de actos de corrupción ocurridos en el Banco Hipotecario.

Fue miembro del Concejo Deliberante de La Plata en 1917.

En el año 1918 se desafilió de la UCR por desavenencias con su conducción y pasó a formar parte del ala renovadora del Partido Conservador.

A los 71 años, convencido por su hijo Guillermo, ingresó al Partido Socialista aportando al debate sus ideas (expresadas en sus conferencias en la Casa del Pueblo sobre Hegel, Marx y Jean Jaurés que fueron publicadas más adelante en la Revista Socialista y en sus obras Nuevas Bases, “Socialismo ético” e “Incipit Vita Nova”) que luego se verían plasmadas en numerosas leyes.

Fue electo convencional constituyente en 1934 para reformar la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, pero renunció a su cargo junto con su hijo Guillermo y Alfredo Palacios en protesta al fraude realizado en esos comicios.

Es por este período de militancia socialista y por su apoyo al movimiento reformista que se lo recuerda y por el cual algunos de sus compañeros y discípulos (militantes tanto del PS como del grupo de estudiantes “Renovación”) fundaron el 14 de diciembre de 1937 la Universidad Popular Alejandro Korn en su homenaje y bajo el ideal de la extensión universitaria.

 

Labor filosófica de Alejandro Korn

La labor por la cual se lo recuerda es la de la reflexión filosófica, camino en el que se inició en el año 1906 hasta su muerte en 1936. No concebía la filosofía sino como una forma de vida contemplativa que exigía antes que la expresión por escrito de un sistema la explicación a través de la enseñanza de la historia de la filosofía y la reflexión en conjunto con sus alumnos y allegados. Dijo Francisco Romero Delgado en ocasión de la publicación de sus Obras:

“La escritura fué para él una actividad subsidiaria, apenas el recurso para fijar los resultados, no la corriente misma de sus meditaciones. Sus escritos filosóficos no agotan la riqueza de su pensamiento, por lo mismo que éste se desenvolvió ajeno en principio a la intención de ir condensándose en libros.”

Ya se la conciba desde la óptica del diálogo o de la polémica, toda innovación en filosofía surge como respuesta a su estado anterior. A fines del siglo XIX y principios del XX, la filosofía dominante era el positivismo. Korn es la expresión nacional de la necesidad de superación de ese sistema filosófico que ya se observaba en Europa en las reflexiones de Nietzsche y de Bergson.

Inspirado en la filosofía kantiana (pero no cerrándose en ella), establece dos distinciones por oposiciones en las que basa su explicación filosófica: la del sujeto frente al objeto y la de la ciencia frente a la filosofía.

A la ciencia le atañen los aspectos empíricos de la realidad externa, que son mensurables (dicho de otro modo, traducibles a un lenguaje matemático). La ciencia concibe las cosas como objetos y en ese sentido los conocimientos que de ella se derivan son de índole utilitaria o pragmática. Los positivistas consideraban que esta concepción científica podía ser aplicada al estudio del hombre y de la sociedad, de ahí que surja una ciencia como la sociología de la mano de Spencer y Comte y una ética determinista y utilitarista.

Korn consideraba que frente a esta concepción científica la filosofía venía a encargarse de aquello irreductible y propio del hombre, que es su subjetividad, capaz de dar forma al mundo en primer lugar mediante la distinción entre objetos, creaciones mentales, que surgen de la observación de la realidad externa pero a la vez mediante la modificación creadora del propio mundo: en principio para resolver las necesidades naturales y más adelante mediante la creación de valores, es decir, de la creación del mundo no ya como es, sino como debiera ser: esa sería muy sucintamente (y por consiguiente un recorte simplificado) la idea de libertad creadora.

Esta concepción relativista de la axiología, derivada de la ética kantiana pero también de la de Nietzsche supone que las valoraciones y las normas de conducta que de ella se derivan son el producto del ejercicio de la libertad creadora. Esto es una responsabilidad, porque los valores y las normas que surgen las tiene que hacer valer el propio sujeto y porque implican en el propio desarrollo axiológico de Korn un mandato ético de no coartar la libertad creadora de otras subjetividades. De ahí que sus Ensayos filosóficos estén encabezados por “Incipit Vita Nova”: la valoración ética del hombre en función de la libertad creadora requirió del filósofo que la enunció una nueva militancia política que de unos principios puramente liberales se elevara hacia una parxis política que contemple el ideal de justicia social. 

Estos tres conceptos con los que Korn trabajó –la valoración ética del hombre, la libertad creadora y la justicia social son el trípode sobre el cual descansa el pensamiento moderno.

 

Consagración como sabio del faro cultural y aniversario de La libertad creadora

Se conoce como los Cinco sabios del faro cultural a aquellas personalidades señeras que ubicaron a la ciudad de La Plata como uno de los ejes de influencia de la cultura y el saber latinoamericanos. Todos ellos nacieron fuera de la ciudad y llegaron a ella luego de su fundación, por eso se los reconoce como pioneros.

Ellos fueron:

Juan Vucetich (Hvar, Croacia, 20 de julio de 1858 – Dolores, 25 de enero de 1925): antropólogo y policía, recordado por ser el primero en desarrollar un sistema de identificación de las personas a partir de las huellas digitales.

Pedro Bonifacio Palacios “Almafuerte” (La Matanza 13 de mayo de 1854 – La Plata, 28 de febrero de 1917): destacado poeta y pedagogo.

Florentino Ameghino (Moneglia, Italia, 19 de septiembre de 1853 – La Plata, 6 de agosto de 1911): zoólogo y paleontólogo.

Carlos Spegazzini (Bairo, Italia, 20 de abril de 1858 – La Plata, 1 de julio de 1926): botánico.

Alejandro Korn (San Vicente, 3 de mayo de 1860 – La Plata, 9 de octubre de 1936): médico y filósofo.

El monumento que recuerda a estos cinco próceres de la cultura, obra del escultor Máximo Maldonado, se encuentra frente al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en el Paseo del Bosque. Se inauguró el 19 de noviembre de 1942 en conmemoración del sexagésimo aniversario de la fundación de la ciudad de La Plata, en un acto presidido por Alfredo Palacios, que en ese entonces se desempeñaba como rector de la UNLP. En esa ocasión, el primer diputado socialista de América pronunció un discurso que tituló “Los artistas y el Estado”. En dicha ceremonia estuvieron presentes a su vez el presidente de la República Ramón Castillo y el gobernador Federico Martínez de Hoz.

En 2020 se cumplieron 100 años de la primera publicación de La libertad creadora en la Revista Verbum, del Centro de estudiantes de Filosofía y Letras, en el número de Junio-Julio de 1920.

 

Notas finales

En la historia latinoamericana de principios del Siglo XX, hay algunas ciudades que fueron nodos de encuentro de la intelectualidad, entre las cuales se ubicó La Plata, una de las tres ciudades argentinas (junto con Córdoba y Buenos Aires) que menciona Mariátegui en sus Siete ensayos sobre la realidad peruana, obra fundamental del pensamiento latinoamericano. Hoy en día, por su carácter de ciudad universitaria, punto de encuentro de estudiantes de toda América y en función de la ola feminista, La Plata no ha dejado de ser importante, por lo que revisitar su pasado no debería darse solamente en función del turismo, ni ser una obligación respecto a unos próceres ya fallecidos, sino que debe presentarse como una lección de historia del pensamiento latinoamericano y una oportunidad para pensar los temas de la actualidad desde la óptica filosófica.

En ese sentido, La libertad creadora resulta un marco interesante para reflexionar sobre las circunstancias actuales, la cuestión del avance tecnológico, que sin dejar de ser una oportunidad –como lo ha demostrado la posibilidad de continuar virtualmente con muchos aspectos de la vida cotidiana da que de otro modo la pandemia de COVID-19 hubiera afectado– representan también una amenaza, teniendo en cuenta los usos que se le da a la tecnología informática a lo largo del mundo en función del control social y el comercio o la contaminación que genera la producción y utilización desmedida de los derivados del petróleo. Así como el progreso tecnológico, merced al desempeño de la libertad creadora ha permitido que el hombre se enseñoreé de la Naturaleza, se hace necesario plantearse un acercamiento ético a la misma, que tenga en cuenta que los daños ocasionados repercutirán en el libre desarrollo de la libertad creadora a futuro.